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El Flamenco en Cataluña Que el flamenco es un arte con denominación de origen andaluz, es algo que ni para el más profano de los aficionados pasa inadvertido. Pero siendo un arte, -puesto que ha trascendido a sus propios valores populares para lograr una magnitud musical superior- el flamenco conserva un espíritu manifiestamente popular, con lo cual, y a pesar del hermetismo de las primeras épocas y de ser un fenómeno cultural tan auténtico, original y complejo, su presencia en otras latitudes que sobrepasan los límites de Andalucía no ha sido escasa ni puramente testimonial, sino que en algunos lugares como Cataluña y más concretamente Barcelona, la vinculación histórica con nuestro arte se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, al calor de los primeros cafés cantantes que abren sus puertas en la Ciudad Condal. Parece claro por tanto, y a tenor de estos y otros muchos datos históricos que revelan una presencia documentada de más de un siglo de existencia, que la implantación de la cultura flamenca en Barcelona no es un hecho ni casual, ni reciente, ni anecdótico, y que desde luego, no es atribuible - como solemos oir y leer con cierta frecuencia - al fenómeno inmigratorio de los años sesenta ni a fenómenos similares ocurridos en décadas anteriores. Sin lugar a dudas, estas oleadas migratorias tuvieron una influencia decisiva, sobre todo y principalmente la de los últimos años sesenta, que coincide en el tiempo con la etapa de revalorización y el auge de los festivales flamencos. La contribución catalana
El segundo, y más cercano en el tiempo, es un caso ejemplarizante de cómo el flamenco, una vez liberado de las influencias, tópicos o tics que se acuñaron durante el régimen político anterior y que motivaron el rechazo y hasta el desprecio de un amplio segmento de la sociedad de la época, puede despertar interés desde un punto de vista exclusivamente musical y cultural. Xavier Montsalvatge (Girona, 1912) es compositor y fue crítico musical del diario "La Vanguardia" durante los primeros años de la segunda mitad del siglo XX. Catedrático de Composición del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona y por tanto, persona nada influenciada por la pasión flamenca y sí en cambio familiarizado con las claves del pentagrama. Sus críticas de flamenco estuvieron siempre presididas por la mesura y coherencia propias de su condición de músico culto, y por la admiración y el reconocimiento confesado por un arte que le sedujo irremisiblemente.
Prejuicios sociales La importancia capital de Barcelona Actualidad, tradición e idiosincrasia propia
No quieren cambiar el cotarro, pero quieren escudriñarlo,
porque han nacido para convertir en realidad una utopía: hacer
coexistir el dinamismo, la audacia y la frescura, con la sensatez y la
renovación meditada. Ellos son el signo que irremisiblemente nos
conducirá a una nueva era. Ellos, con su vigor y su vitalidad,
con su energía liberada y con las contradicciones propias de su
juventud, son los artífices inequívocos de un designio que
ha de estar necesaria e íntimamente ligado a nuestras raíces.
Y aunque no es oro todo lo que reluce, - algún día hablaremos
de nuestros laberintos, de nuestras cuitas y de esa gran dosis de nacionalismo
flamenco que nos invade - el nuevo siglo que acabamos de estrenar se nos
presenta como una nueva época ilusionante, marcada por un espíritu
sensatamente contradictorio y abiertos a lo que venga. Atentos a los entresijos
de la cotidianeidad y esperanzados ante una nueva encrucijada de los tiempos,
en la que de seguro se impondrá como siempre y por encima de todo,
El Flamenco.
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