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Redacción
info@zambra.com
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España en el "top ten" pirata
El mercado discográfico español demuestra su vitalidad en
lo bueno y en lo menos bueno.
Por un lado, puede alardear de su creatividad; por otro, de que España
figura, desde hace unas semanas, en el ranking de los diez primeros países
del mundo donde la piratería musical tiene mayor proyección,
encabezando al tiempo el listado de la Unión Europea.
El panorama de la industria discográfica es, en términos
de viabilidad económica, sombrío, y en el caso de España,
la tendencia apunta a un agravamiento a medio plazo.
Eso es, al menos, lo que asegura el reciente informe del IFPI una
especie de patronal discográfica planetaria, publicado el
10 de julio, y cuyas conclusiones son demoledoras para el mercado español.
El estudio, que sólo propone medidas policiales para
erradicar esta práctica, parte de unos parámetros comunes
para realizar su particular listado, país por país: el valor
actual del mercado pirata; el valor del mercado legal; el incremento de
la piratería en el último año, y el precio del disco
pirata y del legal en comparación con el ejercicio anterior.
Las revelaciones son muy significativas: por un lado, que los productos
sonoros piratas representan a escala planetaria el cuarenta por ciento
del total, es decir, que dos de cada cinco grabaciones comercializadas
son fraudulentas; y, por otra parte, que España aparece en la lista
de los diez países más receptivos a la piratería
callejera (compartiendo tan dudoso honor con Brasil, China, México,
Paraguay, Polonia, Rusia, Taiwán, Tailandia y Ucrania).
Exceptuando el caso excepcional de la venta de discos sencillos íntimamente
ligado a las estrategias promocionales multimediáticas, todos
los soportes discográficos convencionales siguen en su caída
libre, con los discos compactos en crisis creciente.
La irrupción de una discográfica local como Vale
Music comercializadora de los más rentables productos
de los chicos de Operación Triunfo,
como David Bisbal no ha impedido invertir
una tendencia que a finales de año podría alcanzar cotas
sangrantes, cercanas ya al 40%.
Lo más grave, sin embargo, es que a esta perspectiva hay que añadir
el rampante protagonismo de la copia musical doméstica. Considerada
hasta ahora como un ejercicio de consumo privado según
el eufemismo utilizado por una cualificada fuente de la Sociedad General
de Autores, la copia privada es la razón última
por la que el aficionado ya se ha olvidado de lo que es comprar música
en una tienda.
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