Aunque él no reconociera nunca maestros ni influencias, en su época de formación como guitarrista era difícil escapar al influjo de Ramón Montoya. No obstante, su talento genial le llevó a incorporar innovaciones técnicas deslumbrantes, como los picados en los bordones de la guitarra, las técnica endiablada de alzapúa, los arpegios en los que incluía todas las cuerdas y ejecutaba con gran limpieza... En cualquier caso, esta técnica estaba puesta al servicio de una musicalidad desbordante, con hondas raíces flamencas y un compás que había consolidado en los años 20 y 30, así como en las giras con Carmen Amaya. Su velocidad y limpieza de ejecución asombraron a los públicos de todo el mundo. Según los críticos, la música parecía fluir de él sin esfuerzo aparente, como si fuera improvisada. Además, Sabicas abrió una puerta en términos de inventiva, puesto que descubrió a los jóvenes guitarristas de los 50 y 60 que se podían introducir novedades técnicas sin desvirtuar el carácter flamenco del toque.
Su influencia ha sido incontestable sobre las nuevas generaciones de guitarristas a través de la luminaria Paco de Lucía y del no menos carismático Serranito.
Además hay que destacar su capacidad para llegar a los públicos no flamencos. Con gran sentido comercial adaptó canciones populares españolas y sudamericanas. Sus grabaciones solistas y a dúo con Mario Escudero tuvieron mucho éxito en Estados Unidos durante los años 50 y 60. Por esta razón, su trascendencia a la hora de dar a conocer el flamenco en todo el mundo vía América es indudable.
Tampoco hay que olvidar su faceta como compositor. Entre otros, compuso un concierto titulado "Gipsy Concert", orquestado por Enrique Cofiner, que fue estrenado póstumamente (en 1993, en Córdoba) por el guitarrista Rafael Riqueni y la Orquesta de Córdoba.