Camarón es junto a Enrique Morente un nombre clave en el nuevo rumbo que tomó el cante flamenco a partir de los años setenta. Es sin duda alguna una de las figuras verdaderamente emblemáticas del arte jondo de nuestro tiempo. Ya en vida fue una leyenda y con su muerte el mito se extendió por todo el mundo. Nunca en el arte flamenco se habían visto manifestaciones multitudinarias con las connotaciones que se registraban alrededor de este singular cantaor. Camarón fue mucho más que un artista flamenco, fue un hecho social de muy peculiares características. Porque muchos de los miles de personas que abarrotaban normalmente cualquier gran recinto donde Camarón cantaba, iban a verle a él y a nadie más, y probablemente no acudían de nuevo a un espectáculo flamenco hasta que en el cartel no figurara de nuevo el nombre de su ídolo.
José Monje Cruz nació el 5 de diciembre de 1950 en San Fernando (Cádiz) y murió en un hospital de Badalona (Barcelona) el 2 de julio de 1992. Mamó el cante desde la cuna y desde mucho antes. Fue el segundo de ocho hijos, criado tras el calor de la fragua y el compás de la gente canastera. Niño prodigio, su escuela se halla en la Venta Vargas. Tras graduarse en la Cátedra del Festival de Mairena se traslada a Madrid, donde actúa en el tablao Torres Bermejas. En los billares de la plaza de Callao se junta con un guitarrista largirucho que había llegado de Algeciras, Paco de Lucía. De esta forma el destino puso juntos a los dos mayores genios renovadores del flamenco. Su primer LP conjunto llegaría en 1968. La trayectoria de Camarón ha quedado resumida en tres grandes bloques: hasta 1968 se esfuerza por reproducir la tradición; hasta 1978, la ampliación y renovación de su lenguaje musical, ayudado por la familia Sánchez; a partir de 1979, reforzaría sus aspectos más revolucionarios con el disco "La leyenda del tiempo". En total publicó 19 LPs y grabó 176 cantes: 43 bulerías, 20 tangos, 18 fandangos... unos 50 palos, unos 500 estilos. De todos ellos sólo hay 27 firmados por él, lo que ha ocasionado penosos litigios tras su muerte.
Fue, como todos los genios, cuestionado, sobre todo desde el momento en que comenzó a introducir en sus interpretaciones ciertas innovaciones estilísticas que rompían los moldes acuñados por la tradición. Pero él creía que esas cosas atraen a los jóvenes, a la gente que si no pasaría del flamenco, y que en algunos casos a partir de ahí pueden ir metiéndose más en lo jondo. En sus palabras: "El flamenco está hecho, pero sobre lo hecho se puede seguir creando sin engañar, sin mistificar. ¿Por qué tenemos que hacer todos la soleá exactamente igual, como si fuéramos un disco? Si yo puedo añadirle algo propio, enriquecerla, sin desvirtuar lo que es el cante por soleá, ¿por qué no voy a hacerlo?"
Camarón ha escrito probablemente las mejores páginas
de la historia del cante flamenco junto a Antonio Mairena y Manolo
Caracol. Aún hoy sigue sin escucharse una nueva voz capaz de
medirse con la del "Príncipe" gaditano, aunque les duela a los mismos
que mientras vivió se afanaban en replicar que Camarón no
era más que una copia de éste o de aquél.